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11 de mayo de 2021

Fijar lo que huye

El propio CdP me vino a recordar que, de aquella biblioteca que mencioné en el posteo anterior, en realidad sí conservo un libro, aunque no logro recordar por qué medios me hice de él, si fueron lícitos o no, si quien tenía la biblioteca en custodia decidió regalármelo, si yo lo escondí adrede o si simplemente el libro quedó por algún lado y cuando me di cuenta ya era tarde para devolvérselo tanto a su custodio como a su dueño. El caso es que conservo un ejemplar de Memoria plural, un libro de entrevistas a escritores latinoamericanos, entre los que hay varios poetas (acaso por eso el libro hasta pudo haber decidido por sí mismo quedarse en mi hogar, alucino). Sea entonces esta la perfecta ocasión para compartir algunas reflexiones del gran y maravilloso poeta argentino Enrique Molina, de quien compartiré poemas más adelante.
Escuchemos ahora qué tiene para decir Molina sobre la poesía y la praxis poética:

¿En qué consiste esa inagotable actitud del espíritu, presente ya en lo más remoto de toda cultura? Para mí no es otra cosa que una empresa de descubrimiento esencial, es decir, una perpetua partida hacia un mundo desconocido o, mejor dicho, hacia lo desconocido del mundo que es, en suma, esa extraña realidad en la que estamos insertos, eso ajeno a nosotros mismos y que alcanzamos a través de los sentidos, lo que se ve y se toca y se huele y se oye y se saborea en cada latido, esos continentes siempre inéditos, siempre misteriosos, sobrenaturalmente adorables, que nos salen al encuentro para llenarnos de maravilla y de terror, como una interrogación sin fin de los seres y las cosas, prolongada de eco en eco, misterios repetidos y cotidianos, con la forma de una mosca o de un árbol, de la lluvia o la piedra, del pájaro o el sol. Concebida la poesía como un medio de conocimiento, que dilata, en cierto modo, los límites de la comunicación, del lenguaje para darnos un sentido de la existencia —el nuestro—, la obra del poeta, en su conjunto, establece un orden inédito del mundo. Un orden que nace de los valores, de las relaciones que se establecen entre su espíritu y las cosas, de lo que elige, de una manera u otra, como elementos capitales de su destino, mientras avanza a través de la vertiginosa y caótica diversidad del mundo.

En la obra de todo poeta —me atrevo a decir— el mundo reviste una coloración particular, inédita, surge de nuevo como el primer día de la creación. Así, cada poeta establece su reino propio, regido desde el fondo de su sangre por todos sus poderes conscientes e inconscientes. El poeta trabaja con pájaros, con astros, con la muerte y la memoria, con la pasión y la tierra, con todos los sentidos y todas las visiones. Es, entonces, fabulosamente rico. Pero su lucha, más que de conquista, es de limitación. Debe defenderse de esa riqueza que lo desborda en todas direcciones y que de no hacerlo acabaría por disolverlo en su avalancha. Tiene que escoger sus propios signos, sus propios colores, un punto de mira único, que lo distinga de todos y a su vez le permita contemplar las cosas desde su particular perspectiva. Se trata, así, de dar expresión a su experiencia humana, a su intuición de la existencia. En efecto, el hombre intenta penetrar en el misterio de la existencia y el mundo de dos maneras: por el intelecto, a través de la conciencia y la filosofía, y por la intuición poética, que se halla en la génesis de toda obra de arte. Por eso la creación del poeta, nacida de lo profundo de su experiencia vital, es siempre una cosmo-visión, una respuesta propia al infinito enigma de las cosas.

Así, la mayor ambición de mi aventura poética ha sido la de recrear, en la magia verbal, la sensación, la ardiente e instantánea categoría de lo sensorial. Palabras que no describan el calor, el reverbero de una piel, el olor de la noche, sino que en lo profundo del espíritu vuelvan a producir tales sensaciones, revivan nuevamente el latido que las registró. 

Tratat de fijar lo que huye configura mi poesía.

Memoria plural, 1986.

11 de abril de 2021

Versitos, sólo versitos

El poeta Osvaldo Bossi tiene el buen tino de compartir estas reflexiones (suerte de artes poéticas) en su muro de Facebook cada tanto. Las dirige a Robin, como si fuera Batman el que habla, en una notable y bienvenida transgresión (que no otra cosa es la poesía según nos contara Susana Reisz de Rivarola en las clases de Teoría Literaria I hace ya tanto tiempo), dado que le quita así toda la pátina de solemnidad que estos dichos podrían tener y les imprime un toque pop de lo más interesante. Como estas alocuciones están perfectamente bien escritas, el mensaje llega y cada tanto las he compartido tanto en mi muro como en una de mis páginas de FB (Taller de Poesía, concretamente). Sin embargo, hoy compruebo con pesar que, según las estadísticas que brinda FB (en las que de todos modos mucho no confío, pero bueh...), nadie ha visto ni ha interactuado con la publicación en la que compartí esta excelente reflexión. A ver si por este medio hay más suerte, porque vale la pena leer esto, sobre todo para quienes están comenzando y a veces se les confunden un poco los tantos. 
Haga poesía, no haga ni «Arte» (en el sentido en que lo escribe Girondo en sus «Membretes») ni haga panfletos inflados de ideología bienpensante o políticamente correcta. Deje esas minucias que nada tienen que ver con la poesía para el lugar que correspondan. Le aseguro que la poesía no es.

VERSITOS, SÓLO VERSITOS

Robin, cuando leas un poema lleno de sentido, atravesado por alguna ideología, cerrá el librito y rajá para otro lado. O es falsa poesía, o poesía para que caigan los giles (ayer vi la película sobre Tita Merello y usa mucho esta palabra, graciosa y a la vez tan precisa). Los temas importantes, comprometidos, son así, Robin. Se llevan todos los aplausos, pero el lenguaje (que es la materia de la que están hechos los poemas) se empequeñece o sólo sirve para transportar enormes mamotretos. Al menos en poesía, sentido y forma van juntos, pero sobre todo el sentido es forma. Ni adorno, ni falsa belleza, sino la cristalización de una materia que, si se tiene suerte, al ser tocada por el lector, libera algo, y no al revés. ¡Madonna santa! ¡Finíshela con tanto mensaje! El compromiso político, como ciudadanos, es una cosa, y la poesía es otra, ¿no te parece? Si uno, por esos casuales tiene algo para decir, ¿por qué no lo dice directamente? Por ejemplo, si yo le quiero decir a un chico que me gusta, o yendo más lejos, que lo amo. En fin, si quiero que el mensaje le llegue, no escribo un poema, que dice siempre otra cosa e incluso lo contrario. Lo invito a tomar una cervecita o un café y que sea lo que Dios quiera. La poesía se nutre de la vida que nos rodea y de nosotros mismos, es cierto, ¡pero es poesía, Robin! No es «la verdad» revelada. Como dice mi querida Diana Bellesi, simples o complicados «versitos»... ¡Pero versitos, Robin, versitos, nada más! Me acuerdo de un poema que viene al caso, de Patrizia Cavalli, que dice así: «Alguien me ha dicho / que mis poesías / no cambiarán el mundo./ Yo les respondo que en verdad sí / que mis poesías / no cambiarán el mundo». ¿No es hermoso? Nada más ligero y más contundente que eso.

Facebook, 28 de noviembre de 2017.


7 de abril de 2021

El milagro de la poesía (y de la amistad)

No es un secreto para nadie que soy bibliófila. O, más bien, bibliómana, porque no tengo ese TOC de no dejar que nadie toque los libros ni ando persiguiendo ediciones raras (bueno, es un decir) ni gasto fortunas en... ehm, bueno, se entendió lo que quiero decir. Vivo entre libros desde mi más temprana adolescencia. En otro lado ya he hablado sobre mi primer libro leído casi motu proprio (pueden enterarse cuál fue aquí) y cómo de a poco se fue armando mi biblioteca. Desde el vamos aposté por los libros usados, no sólo porque eran más accesibles sino porque siempre cuentan más historias de las que efectivamente traen.
En estos tiempos pandémicos y horripilantes que nos toca transitar, los libros se volvieron todavía más indispensables en este hogar, a pesar de que ya casi no hay lugar donde ponerlos y de que ya no compro los libros que solía comprar. Sigo comprando usados, por supuesto, pero he variado mucho las temáticas, por diversas razones. Patagonia y todo lo que tenga que ver con el Atlántico Sur se volvió una obsesión que antes no existía, y con cada vez más ahínco compro libros de ciencia, sobre todo de divulgación científica, que es lo que mi menguado entendimiento puede asimilar con más facilidad. Y también me he decantado mucho, en los últimos tiempos, por los libros de historia argentina, también los de historia en general, las biografías y los libros que podríamos llamar "de curiosidades". Antes, por eso marco esto, solamente compraba literatura y, a lo sumo, como ñoña de Letras, libros de crítica y teoría literaria, alguna cosa medio rara y nada más. Y poesía, desde luego, toneladas de poesía. Pero de la literatura ya me cansé un poco o compro solamente los clásicos que aún me faltan y voy en búsqueda de otros mundos desconocidos e igual de fascinantes: ahora, por ejemplo, estoy leyendo un libro que relata novelescamente el nacimiento de la paleontología y los primeros estudios arqueo-geológicos, por así decirlo. El autor es un simpático señor francés que, como si se tratara de un cuento, va develando las historias detrás de los primeros hombres que se encontraron o bien con restos fósiles o bien con pinturas rupestres y empezaron a estudiarlos con detenimiento hasta convertir eso en sendas ciencias. Es tan fascinante como la mejor novela y antes, digamos hace diez o quince años, no se me hubiera ocurrido ni por las tapas comprar, mucho menos leer, un libro semejante.
Así las cosas, con toda la cuestión pandémica se impusieron las compras on line y el delivery de libros. Hoy fue día de recibir cajita con libros, una felicidad total para todas las habitantes de esta casa: para mí, por los libros, y para mis gatas, por la caja (no conozco gato alguno que no ame las cajas). Entre todas las maravillas que le compré a mi máximo librero de confianza (no se enojen los otros dos libreros de confianza, eh), el tío Alfred E. Vonnegut, vino además un librillo de regalo: Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, uno de los clásicos de Rainer María Rilke.
Y aquí vamos con lo que nos convoca en este blog: Rilke fue uno de mis primerísimos alimentos iniciáticos en la poesía gracias a una profesora del Colegio Nacional de Quilmes. Cuando supo de mis veleidades poéticas, tuvo el excelente tino de prestarme las Cartas a un joven poeta de Rilke, que todo aspirante a poeta, joven o no, debería leer obligatoriamente antes de siquiera sentarse a escribir la primera sílaba de un posible verso, pues allí lo tiene todo. De hecho, en el CdP original hay numerosas citas de las Cartas que ya transcribiré. La cosa es que me puse a hojear el librillo de regalo y me encontré con el recorte que ilustra este posteo delicadamente posado entre sus páginas, uno de esos regalos que nos hace el universo o la poesía o el arte cada tanto. Mejor dicho, cada vez que compramos un libro usado que, como dije, trae más historias que las que efectivamente trae. Transcribo las palabras de Rilke y me apresto a leer los Cuadernos de Malte... ni bien termine con la novela de la paleontología.
Así da gusto ser bibliómana y tener semejantes dealers amigos. 


EL MILAGRO DE LA POESÍA 
Los versos no son, como creen algunos, simples sentimientos: son experiencias. Para escribir un solo verso, hay que haber visto muchas ciudades, muchos hombres y muchas cosas; hay que conocer a los animales, hay que haber sentido el vuelo de los pájaros y saber qué movimientos hacen las flores pequeñas al abrirse por la mañana. Es necesario poder pensar en caminos de regiones desconocidas, en encuentros inesperados, en despedidas que uno veía llegar desde hace tiempo; en días de infancia que resultan todavía misteriosos; en los padres a los que se mortificaba cuando traían una alegría que no se comprendía (era una alegría hecha para otros); en enfermedades de infancia que comienzan tan extrañamente, con tan profundas y graves transformaciones; en días pasados en habitaciones tranquilas y recogidas, en mañanas al borde del mar, en el mismo mar, en mares, en noches de viaje que se agitaban muy alto y volaban con todas las estrellas. Y no es suficiente saber pensar en todo esto. Hace falta tener recuerdos de muchas noches de amor, cada una de ellas distinta de las otras, de gritos de parturientas y de paridas leves, blancas y durmientes, que se cierran. Es necesario también haber estado junto a los moribundos, es necesario haber permanecido sentado junto a los muertos, en la habitación, con las ventanas abiertas, y los ruidos que irrumpen como golpes. Y tampoco basta tener recuerdos. Es necesario saber olvidarlos cuando son muchos, y hay que tener la inmensa paciencia de esperar que vuelvan.
Los cuadernos de Malte Laurids Brigge

3 de abril de 2021

Los poemas se escriben con palabras, no con ideas

La poesía y los poetas es el título de uno de los primeros libros sobre poesía que compré en mi vida. Más exactamente, según veo, en 1991. Tenía entonces apenas diecisiete años, pero cada vez que se me presentaba la oportunidad, compraba libros y, con cada vez mayor insistencia, libros de poesía o sobre poesía, como en este caso. Si bien entonces no había pasado de leer el Romancero gitano y algunos poemas sueltos en el colegio, vagamente ya comprendía que mi destino y mi vocación estaban allí, en esa cosa tan ilusoria y fantástica como es la poesía. Y procuraba acercarme, hacerme amiga, como si de un felino arisco se tratara, y creía que leyendo estos libros (y hasta peleándome con ellos, según veo ahora) iba a convencerla de mi interés. No hubiera hecho falta nada de esto, entiendo ahora, porque la poesía simplemente elige ella misma sus vehículos y estaba claro que a mí me había elegido (no puedo explicar cómo, simplemente era así), pero sí observo que mis intuiciones no me engañaban: si bien en ese entonces casi todos los poetas que escriben en este libro me eran completamente desconocidos (muchos de ellos aún lo siguen siendo, digamos todo), ahora sé que varios de ellos son de una importancia superlativa al menos en las letras nortamericanas, como Gregory Corso. Observo ahora también que el libro está profusamente subrayado y bastante comentado en los márgenes, aunque esos comentarios son de una lectura muy posterior, más aún, creo que fue durante la realizada para el CdP. Justamente, toda esta introducción es para compartir las opiniones del poeta norteamericano William Jay Smith, cuya obra poética desconozco con total prolijidad, pero cuyas impresiones (que copiaré a continuación extrayéndolas del CdP) comparto plenamente. Habrá más sobre este libro. 



[CdP] Más opiniones sobre la poesía: 

La variedad en la poesía, como en cualquier parte, lo representa todo. Constituye el condimento sin el cual el manjar resulta viscoso e insípido. El repetirse a sí mismo ad infinitum, como hacen inclusive algunos poetas modernos muy talentosos me parece algo semejante a encerrarse en la cocina llena de olores rancios, desagradables. Siempre he creído en el dicho de Jean Cocteau de que el artista debe descubrir lo que puede hacer y hacer algo completamente distinto. El poeta debe aventurarse siempre, probar cosas nuevas.

La siguiente anécdota la contaba el profesor Cowes por lo menos cada clase y media en los teóricos de Teoría Literaria, tanto I como II: 

... la historia de Degas que, excitado, llevó algunos poemas que había escrito para enseñárselos al poeta Mallarmé. En ellos el pintor había intentado traducir todo el placer que le producían las bailarinas y los caballos de raza, y cuando el poeta vaciló en dar su aprobación, el artista protestó diciendo que, después de todo, había comenzado los poemas con ideas muy buenas. Mallarmé replicó, desde luego, que los poemas se escriben con palabras, no con ideas.

Finalmente: 

... todas las obras de arte deben poseer su misterio y que, si bien los poemas pueden desarmarse como relojes, cuando se los vuelve a armar aun pueden no quedar explicados. Conservan, emiten, como dijo García Lorca refiriéndose a lo que debía ocurrir con toda gran obra de arte, sus «sonidos negros». Esta, según parece, constituye la resonancia que posee toda gran poesía: ese insondable misterio de la psique al que sólo podemos acercarnos con reverencia y amor.

Poets on poetry

P. D.: Dejo el título en inglés del libro porque la traducción castellana siempre me pareció desacertada. No es «la poesía» y «los poetas» por su lado, como da a entender, sino que es los poetas hablando de/sobre la poesía. Es una diferencia sustancial que nunca comprendí muy bien cómo o por qué se les pasó a sus traductores.

30 de diciembre de 2010

Poesía: diálogo entre conciencias

Aún en medio de la mayor aflicción, la poesía –siempre la poesía– y los poetas saben exactamente qué decirme, qué decirnos: 

La poesía representa para mí la soledad del ser humano que reivindica la conciencia individual en un tiempo dispuesto a liquidar las conciencias individuales. La poesía representa para mí la voluntad del ser humano que no quiere una soledad confundida con el aislamiento, el egoísmo, la agresividad, y por eso busca espacios públicos, los poemas, para establecer un diálogo entre conciencias. La poesía representa para mí el autodominio de un ser humano que cansado de vivir con prisas, con dogmas –que son la prisa de las ideas–, con ofertas de consumo rápido, pide el tiempo necesario para hacerse dueño de sus propias ideas, para matizar, para ponerse al otro lado de las afirmaciones o las negaciones tajantes, para decidir sobre lo que es importante y lo que es prescindible. El poeta que dedica toda una tarde a buscar una palabra representa para mí al ser humano dispuesto a entender las riquezas minuciosas e incontables de la realidad, a responsabilizarse de las propias opiniones y a encontrar un modo honrado para conversar con los demás.

Cincuentena, 2010. 

8 de agosto de 2010

Amemos nuestros propios ritmos

Como ya estoy en pleno proceso de mudanza, muchas cosas han sido ya guardadas, entre ellas los cuadernos que contenían el Cuaderno de Poesía, origen de este blog y estos posteos. Sin embargo, nada me impide seguir compartiendo poemas y reflexiones sobre la poesía, gracias a la magia de Internet. Así las cosas, y como en el taller de escritura que coordino estuvimos viendo sonetos, vaya este soneto-arte poética-recomendación que haríamos muy bien en escuchar de alguien tan genial como contradictorio, Rubén Darío, padre del modernismo hispanoamericano, influencia perniciosa en palabras de Antonio Machado, maestro capaz de las más sublimes bellezas y de los bodrios más espectaculares también.





Ama tu ritmo y ritma tus acciones
bajo tu ley, así como tus versos;
eres un universo de universos
y tu alma una fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones
hará brotar en ti mundos diversos,
y al resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina
del pájaro, del aire y la nocturna
irradiación geométrica adivina;

mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina
en donde la verdad vuelca su urna.

Prosas profanas, 1896. 

25 de julio de 2010

Reflexiones desde la generación del 27

Los fragmentos y reflexiones que copiaré a continuación no aparecen en el Cuaderno de Poesía original, ya que conseguí este libro hace unos cuatro años. Lo leí días atrás y me pareció que había cosas que no podía dejar de compartir, como las que siguen: 

Para escribir, leer; y para escribir poesía, leer buena prosa.

La poesía es una sucesión de preguntas que el poeta va haciendo. Cada poema, cada libro es una demanda, una solicitación, una interrogación, y la respuesta es tácita, pero también sucesiva, y se la da el lector con su lectura, a través del tiempo. Hermoso diálogo en que el poeta interroga y el lector calladamente da su plena respuesta.

El poeta está lleno de 'sabiduría', pero no puede envanecerse, porque quizá no es suya; una fuerza incognoscible, un espíritu habla por su boca: el de su raza, el de su peculiar tradición.

(...) yo, no soy yo solo. Mi fe en la poesía es mi fe en la identificación con algo que desborda mis límites aparienciales, destruyéndome y aniquilándome en el más hermoso acto de amor, y cuando yo canto, hablo de mí, pero hablo del mundo, de lo que él me dicta, porque esto es la inspiración: hervor en el reducido recinto del corazón, de fuerzas innumerables, concentradas finalmente como una sola espada atravesando de dentro a fuera el pecho del inspirado.

El poeta es el único que realiza con su poesía esa antevisión, esa comunión con un mundo total. Por eso la poesía y el amor tienen una misma fuente. Y por eso el poeta vence a la muerte, porque en vida descorre las cortinas de nuestro supremo aniquilamiento.

Para mí, y creo que de algún modo para todo poeta, [la creación literaria] es la expresión de la experiencia. La experiencia es una forma del saber, y esta forma del saber sólo se comunica por el arte, no por la ciencia. Es un modo de conocimiento. La creación literaria es restablecedora porque por ella las experiencias penosas adquieren luz y el dolor es creador e iluminativo.

La poesía es una larga pregunta que se prolonga y concreta en cada poema que el poeta compone, en cada libro que el creador origina. No se dirige al mundo, sino al oído del mundo, lo que no es lo mismo. Ese oído es el hombre, que nace de la materia que se levanta, incorporándola y que al sucederse se hace historia. La poesía busca con desesperación una imposible respuesta porque el oído escucha pero no tiene palabras. La poesía es la esperanza inabatible, porque la vida es una contestación perecedera pero inmortal.

No te temas. Ni los temas. Para cumplir tu verdadero destino, para vivir, para crear tus hijos de belleza inteligente, ama como si el minuto fuese el siglo, como si unos labios que besan fuesen la boca de la vida.

Prosas recobradas, 1987.

4 de julio de 2010

Magia y metáfora

[CdP]

Reflexiones en torno a la metáfora (y también a la magia):

Para el poeta, la metáfora, es decir, la imagen es también la cosa. Magia y poesía responden a esa incontenible apetencia hacia la unidad que tiene lo diverso, a esa irrefrenable sed de diversidad que arde en lo único. La participación mágica es la técnica de que se vale la primera, y la metáfora el recurso de la segunda.
En la metáfora el poeta procede como si cada palabra estuviera incompleta, y por ello necesitada de un complemento, tal como el hombre en el mito platónico del amor. Y cada palabra sólo puede alcanzar su plenitud, mediante la participación mágica de su significado con otra palabra.

La metáfora total, operante como instrumento mágico, empieza cuando el reflejo se proyecta a su vez sobre la cosa reflejada e influye sobre ella, cuando la cosa reflejada es a su vez reflejo, y sólo mediante ese intercambio de mutuas generosidades, consiente el infinito en acurrucarse, anidarse confiado entre ellas.

Mediante la metáfora se logra, pues, una participación, una independencia entre las cosas que las torna más accesibles a quien maneja el procedimiento, y simultáneamente, permite al poeta su propia identificación con la realidad, es decir que en toda metáfora, además de la manifestada extraversión de sus términos, hay latente, pero con igual certidumbre, el ansia de comunión de su creador con el mundo y nunca mago alguno lo consiguió con tanta plenitud como el poeta.
Variaciones sobre la poesía, 1959.

27 de junio de 2010

Una auténtica poética

Poco sé de este poeta. Yo creía, erróneamente, que era argentino pero es peruano. Visitando ahora la Wikipedia me entero del porqué de mi confusión: nació en Arequipa (Perú, efectivamente) pero murió en Buenos Aires. Difundió en nuestro medio la obra de Freud y las vanguardias, de las que formó parte. Pero no es la idea de este espacio perder tiempo con cháchara biografista. Aquí, la poesía, más aún, el poema, deben ser los protagonistas. El que sigue es una auténtica poética, un género que me interesa cada vez más profundizar y analizar: 

SEMÁFORO

Mejor es que los ojos como lámparas trémulas se apaguen
que los sonidos sean transportados a donde nunca se los oiga
que no acepten el vuelo los vocablos
que no haya casos cuando yo poeme

Pido la cesantía de las buenas costumbres del lenguaje
la defunción de la gramática
el aniquilamiento del sentido doméstico en el canto
exijo ausencias cuando yo poeme

Propugno el culto de la errata
el celeste relámpago de la equivocación
el juego mágico de malentendidos entre versistas y leyentes
para que juntos poememos en perseveración de este prodigio.

El poemar repuebla al tiempo
acrecienta al espacio de perspectivas y alrededores
y en tanto que se espacia poemando
se tiempa para siempre quien poema

Alberto Hidalgo
Antología personal, 1967.

20 de junio de 2010

Verdades inquietantes sobre la poesía

[CdP]

Sobre los críticos (y algunos poetas): 

La mayor parte de los poetas y de los críticos se asemejan a visitantes de una catedral, bien educados y sumamente cultos, llenos de tacto, de respeto y de admiración. Tienen toda clase de consideraciones por la liturgia y están bien informados sobre cómo debe ser una verdadera cúpula. Pero, para utilizar una frase de Robert Penn Warren, no van allí a rezar.

Sobre algunos poetas (¿poetas?):

El mundo de estos poetas [se refiere específicamente a ciertos poetas norteamericanos] se limita habitualmente al medio universitario, salvo durante ciertos períodos de frenesí sabático que transcurren con un mayor retiro del mundo todavía (...). Son generalmente señores (o señoras) moderadamente prósperos, de buen carácter y muy perseverantes en el trabajo. Publican regularmente en sólidas publicaciones literarias trimestrales y periódicamente reciben premios. Conocen la literatura acabadamente, tienen buena formación, mucha habilidad y salvo unos cinco o seis, nada tienen que decir.

Sobre vida y poesía, vida y poetas: 

Estoy profundamente convencido de que es legítimo cuestionar la competencia de los poetas sobre tales asuntos. Si la poesía trata verdaderamente de la vida del hombre en sus aspectos importantes, resulta esencial saber si el poeta tiene conocimientos suficientes para decirnos algo significativo sobre ella.

Sobre la función de la poesía, si la tuviera: 

(...) debemos admitir que a estos poetas académicos no les interesa hablar del mundo. Sólo quieren construir, y construir algo que sea bello. El contenido para ellos constituye la forma (...). Si la función de la poesía fuera solamente esa, no sería suficiente como para justificar que invirtiera en ella mi vida. Si se tratara meramente de una forma feliz, gozaría de ella como del ajedrez o de la comida, pero no renunciaría por su causa a nada que me resultara de vital importancia. Si no se tratara de algo que realmente importe, no me retendría más allá de su goce, por bien hecha que esté.

Y finalmente: 

Corrección es exactamente lo que no debemos pedirle a la poesía. Si se trata de poesía importante, constituye necesariamente una perturbación de la paz. El buen poeta nunca es un hombre bueno, nunca es doméstico. Los poetas amenazan la forma y los supuestos de nuestra vida, nos impulsan hacia lo que debemos ser, en vez de apaciguarnos en lo que somos. Es probable, por lo tanto, que la poesía importante nos llene de desazón.

Poets on poetry

13 de junio de 2010

La experiencia poética de la mano de Girri

Vuelvo al CdP y remito al lector a esta entrada de Fauna Abisal para más datos sobre este libro: 

Por lo general, recelo y desconfío de lo que unos fantasmales y generalmente anónimos seres escriben en las solapas y contratapas de los libros. Casi nunca dichos paratextos van firmados y luego uno descubre que lo que se dice en la contratapa de una menguada edición de los Artículos de costumbres de Larra es, en realidad, lo que opinaba de él Sarmiento en uno de sus Viajes..., y así por el estilo. 
La contratapa de este libro (al que volveré infinidad de veces aquí) tampoco está firmada y no sé realmente quién pudo haberla escrito, pero dice algo que se aplica perfectamente lo que quiero hacer aquí y por eso lo cito: 
Rigor y pasión son asimismo los rasgos que caracterizan las reflexiones sobre el quehacer poético (...), una serie de pensamientos surgidos en medio de lecturas de otros poetas, de textos críticos, del propio poetizar.
Exacto, podría agregar. 
En la primera hoja del libro hay una anotación en lápiz que realicé hace dos años [en 1999] y que también quiero rescatar aquí porque creo que lo que dice allí recién ahora se hará realidad: 
He leído este libro por lo menos dos veces, a juzgar por los diversos colores con que ha sido subrayado. He transcripto párrafos y sentencias enteras, pero siempre dándome cuenta de que lo hacía para el futuro, para un futuro que aún no sabía cuál era, pero que me permitiría al fin comprender todo ese «palabrerío». Ese futuro ha llegado, creo: estoy a punto de comenzar el tercer año de mi carrera y en el último cuatrimestre cursé una materia (Teoría Literaria I) donde no se hizo otra cosa más que hablar, discutir, leer y desmigajar a la poesía, al poeta, al poema. Por ello, la lectura actual de este libro será la más significativa porque será como si nunca lo hubiera leído, tan nueva me acerco a él, tan fresca quiero volcarme en él, para, al fin, poder comenzarlo a entender.
En primer lugar, esa lectura nueva y fresca y comprensiva finalmente no pudo realizarse en su totalidad, si bien dejó un reguero de notas y cuestiones interesantes. Por otra parte, es un libro de fácil lectura pero de díficil asimilación, acaso por la brevedad, por lo aforístico, lo riguroso y pasional de sus comentarios y observaciones. Hablaba esa nota de Teoría Literaria I y recién pensaba que este cuaderno, paradójicamente, va a terminar pareciéndose a los apuntes de esa materia, en la que el profesor Cowes nos dictaba los poemas y nos regalaba luego su parecer, su opinión, sus análisis. 
Siempre temí que la facultad destruyera mi gusto por la poesía junto con mi capacidad para producirla, pero al conocer al profesor Cowes todos mis temores fueron acallados porque allí mi poesía fue llamada por primera vez poesía y mis poemas eran poemas porque él los ponía en un pie de igualdad (!) con los de Salinas y Juan Ramón Jiménez al mezclar sus hojas con las mías, con esas hojitas que yo trémulamente le había alcanzado para ver «qué le parecían». Y resultó que le parecieron claramente emparentados con la generación del 27, cosa en la que yo ni siquiera había reparado, y allí también fui llamada por primera vez «una poetisa argentina» y no una simple compañera de curso. 
Entonces, vaya este cuaderno también como un homenaje, un homenaje a un verdadero fanático (además de una eminencia) de la poesía por sobre todas las cosas. 
Habría que aclarar, aunque ya parece ocioso, que este cuaderno estará lleno de digresiones y excesos puesto que eso es lo mejor que tiene la literatura: uno empieza, digamos, por acá, pero no tiene ni idea ni sabe siquiera si va a terminar por allá o por acullá. 
Dicho lo cual, vuelvo a Girri que de él es de quien se trata ahora. 


En Notas sobre la experiencia poética, el libro al que me estaba refiriendo antes de desviarme hacia el profesor Cowes, Girri sostiene algo que creo fundamental para entender tanto su propio libro como lo que quiero hacer en este cuaderno:
No parece excesivo entender que cuanto un hacedor de poemas escribe lateralmente acerca de su oficio, estética, actitudes de la poesía ante la realidad con que opera, concepciones de otros creadores, etc., debe juzgarse a la luz y en relación con puntos de vista privativos de aquél, directa o implícitamente ejemplificados por su obra.
Aunque termine oscureciendo, prefiero aclarar: este cuaderno contendrá, entonces, entre otras cosas, mis puntos de vista sobre la poesía y todos aquellos que coincidentes u opuestos con los míos tengan o hayan tenido alguna utilidad manifiesta para mí y para mi obra, pero no pretendo, de ningún modo, que esto sea la Verdad Revelada... 
Sin embargo, colijo que se pueden sacar muchas buenas enseñanzas, y en particular de los fragmentos de Girri que siguen: 

No todos los versos son poesía y la división clásica es: escritos artísticos y escritos comunes. A la menor provocación, la prosa puede caer en la rima. Lo que designaríamos como prosa suele tener ritmos, aliteraciones, repeticiones, polifonía y cuanto pasa por ser exclusivo de la poesía. [Nota de 1999: cfr. con la definición de lo propiamente lírico en Reisz de Rivarola y se verá que lo lírico no reside en el verso, ni siquiera en la rima como tales sino en la trans-gre-sión.]

El espíritu de la letra; la letra a manera de dato que servirá para que el lector se golpee la frente: '¿cómo no me había dado cuenta antes de que eso era así, tal cual lo estoy leyendo, literalmente?' [Nota de 1999: Cortázar me ha regalado tanto de esto, y Henry Miller y Roberto Arlt... Y el propio Baudelaire, agregaría hoy, como luego se verá.]

Poemas como aforismos. La prueba de su eficacia consistiría en que ocuparían más lugar en la memoria que en la página. [Nota, sin fecha: ¿Y acaso no vale más perdurar en la memoria que en la página?]

Uno no debe guiarse sólo por las exigencias de lo que está haciendo; lo que necesita ser escrito. Por lo demás, es probable que el poema resulte siempre superior a lo que se diga sobre él.

Y se aprende a ser constante (constante, no rutinario), a saber cada vez menos por qué se hace lo que se hace, y a acentuar la convicción de que no se puede hacer sino lo que se hace.

Notas sobre la experiencia poética, 1983. 

2 de mayo de 2010

¿Con qué hacer poesía?

[CdP] ¿Con qué escribir poesía? ¿Con los sentidos, con la sangre, con la razón? ¿Con lo que pasa, con lo que vivimos, con lo que ya pasó? ¿Con los ojos, el agua, el corazón? ¿Con nada de lo anterior? ¿Con qué hacer poesía entonces? He aquí una respuesta factible: 





PROCURA DE LA POESÍA

No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella la vida es un solo estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios, los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo, tan enemigo de la efusión lírica.
Tu gota de bilis, tu máscara de gozo o de dolor en lo oscuro son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que se prevalecen del equívoco y tientan el largo viaje.
Lo que piensas o sientes, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas ni el secreto de las casas.
No es la música oída de paso; rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza, nada significan.
La poesía (no extraigas poesía de las cosas)
elude sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y supersticiones, vuestros esqueletos de familia,
desaparecen en la curva del tiempo, son inservibles.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria en disipación.
Que se disipó, no era poesía.
Que se partió, cristal no era.

Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas, antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te provocan.

Espera que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas en el suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concretada
en el espacio.

Acércate y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil fases secretas sobre la neutra faz
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que le des:
¿Trajiste la llave?

Repara:
yermas de melodía y de concepto,
ellas se refugian en la noche, las palabras.
Aún húmedas e impregnadas de sueño
rolan en un río difícil y se transforman en desprecio.

Carlos Drummond de Andrade
Traducción: Manuel Graña Etcheverry

Aquí puede leerse el original en portugués y escuchar al propio Drummond de Andrade recitando el poema.

28 de marzo de 2010

De la musique avant tout les choses

Hoy, que me estoy recuperando del mal trago que pasé anoche (ver aquí), prefiero copiar un poema que originalmente no figuraba en el Cuaderno de Poesía. No porque no lo conociera a Verlaine sino porque aún no había llegado hasta este poema en particular. El Cuaderno de Poesía era, como todos los proyectos de los poetas desaforados, infinito, interminable, imposible. Uno de sus tantos propósitos no declarados explícitamente era oficiar también de compendio de artes poéticas, una de las prácticas que más me gustan dentro de la poesía. Cada quien tiene la propia y si no la tiene, no debe ser muy buen poeta que digamos... La de Vicente Huidobro es una de mis favoritas pero considero que ésta, sin duda alguna, tiene que ser la primera: 

ARTE POÉTICA

La música antes que todo sea,
y el Impar vago para ello busca,
el Impar libre por el espacio,
sin que le manche cosa ninguna.

No es necesario que tus palabras
con minuciosa propiedad luzcan:
son aún más gratos los versos grises
que a lo Indeciso lo Exacto juntan; 

sus ojos grandes detrás de velos,
son temblorosos soles que alumbran,
son en un cielo de otoño tibio
azul enjambre de estrellas puras.

Así buscando el matiz débil,
¡siempre matices! ¡el color nunca!
¡Oh, el matiz sólo desposar logra 
sueños con sueños y alma con música!

¡Lejos, muy lejos, Chiste asesino,
ingenio fútil y risa impura,
todo ese ajo de ruin cocina
el que los ojos del Azul nubla!

¡A la elocuencia retuerce el cuello!
Continuamente, con mano ruda
ten a la rima bien dominada; 
¡cómo te arrastra si te descuidas!

¿Quién de la Rima dirá los males?
¿Qué niño sordo, qué negra estúpida
forjó este dije de baratillo
que suena a hueco cuando se usa?

¡Música empero, música siempre!
Sea tu canto cosa que suba
desde tu alma que de otros cielos
y otros amores camina en busca. 

Tu canto sea la profecía
que va extendiendo la brisa húmeda
por la mañana sobre los campos...
Y el resto es todo literatura.

Traducción: E. Marquina y L. de Zulueta.