Las vueltas seguras de la muerte

Como he declarado ya por algún lugar, soy bibliómana. Quiere decirse que cada vez que puedo (e incluso cuando no puedo) compro libros. No cualesquiera libros, sino libros que llamen mi atención, que sean de mis autores favoritos, que sean de autores que aún no he leído pero sé que, por diversas circunstancias, debo leer o bien libros que pertenecen a colecciones que ya sé que no van a defraudarme. También compro libros por sus tapas, por sus títulos y muchas veces porque algún escritor declaró que habían significado algo trascendental para él. Desde luego, también compro libros porque sí, porque están en oferta o porque se me da la real gana. 
Días pasados (escribo esto hoy mismo, mayo de 2010, no copio nada del cuaderno de poesía del 2001 en esta ocasión), di con una antología del CEAL, perteneciente a su colección Capítulo, Biblioteca Argentina Fundamental, colección que verdaderamente hace honor a su nombre. Extraigo de allí el siguiente poema que les leí a mis alumnos del taller de escritura; no sé qué impacto habrá causado en ellos pero sí sé el impacto que me produjo a mí: 

POEMA XIII

Más allá de las aguas grises bajan las colinas.
Nadie vigila. 
Sobre las noches descompuestas concentro mi afinación.
Todo lo nuestro llega; las ventanas amigas
entran las lejanías,
pero ya no saldremos nunca de esta mañana
opaca.
Avanzan hacia nosotros las vueltas seguras de la muerte.

Jacobo Fijman
La generación poética de 1922.

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