Tan frágil manjar

Como un testamento también. Un testamento de pensamientos propios y poemas ajenos. Porque ya se sabe, toda la poesía es testamentaria. Es la voz de un muerto la que habla. Un solo poema puede oficiar ya de testamento porque no deja de ser una señal que alguien recogerá en algún momento. Una señal de que un fulano, alguna vez, tuvo algo que decir y lo dijo, no importa cómo. Por eso, aquí va un testamento poético declarado que siempre me pareció maravilloso: 

TESTAMENTO OLÓGRAFO

Dejo mi sombra,
una afilada aguja que hiere la calle
y con tristes ojos examina los muros,
las ventanas de reja donde hubo incapaces amores,
el cielo sin cielo de mi ciudad.

Dejo mis dedos espectrales,
que recorrieron teclas, vientres, aguas, párpados de miel,
y por los que descendió la escritura
como una virgen de alma deshilachada.

Dejo mi ovoide cabeza, mis patas de araña,
mi traje quemado por la ceniza de los presagios,
descolorido por el fuego del libro nocturno.

Dejo mis alas a medio batir, mi máquina
que como un pequeño caballo galopó año tras año
en busca de la fuente del orgullo donde la muerte muere.

Dejo varias libretas agusanadas por la pereza,
unas cuantas díscolas imágenes del mundo
y entre grandes relámpagos algún llanto
que tuve como un poco de sucio polvo entre los dientes.

Acepta esto, recógelo en tu falda como unas migas,
da de comer al olvido con tan frágil manjar.

Sebastián Salazar Bondy

1 comentario:

Daniel Medina dijo...

Aceptp esto, “recójalo” en mi falda como unas migas,
doy de comer al olvido con tan frágil manjar.

Y me voy del todo y de todo.

Corto y doy de nuevo, soy "mano" y me apetece hacerlo.

Aquí sigo! Tengo dos anchos bravos y somos pareja.

Falta envido y truco (tengo 33).